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¿NUESTROS ESTADIOS ESTÁN PREPARADOS PARA RECIBIR A PERSONAS CON MOVILIDAD REDUCIDA?


Días atrás, una nota publicada en el diario El Mundo de El Salvador acerca de las pocas condiciones de accesibilidad edilicia con las que cuenta el estadio de Alianza Fútbol Club -un equipo de la Primera División del fútbol salvadoreño-, me llevó a preguntarme si ¿Nuestros estadios están preparados para recibir a personas con movilidad reducida? La respuesta, si bien es bastante favorable, nos devuelve una innegable realidad: como sucede con distintos lugares de esparcimiento y recreación en la Argentina, los estadios de fútbol tampoco fueron diseñados para garantizar el acceso, permanencia y circulación de las personas con movilidad reducida de manera autónoma, cómoda y segura.


La ciudad de Buenos Aires está llena de míticos estadios que albergan tanto eventos deportivos como shows musicales. Pueden mencionarse, entre los más importantes, al estadio Monumental – Club Atlético River Plate- en el barrio porteño de Nuñez; a La Bombonera -estadio del Club Atlético Boca Juniors- ubicada en el barrio de La Boca; al Estadio José Amalfitani -Club Atlético Vélez Sarsfield-sito en el barrio porteño de Liniers; al Estadio Presidente Perón -Racing Club-, y al Libertadores de América -estadio del Club Atlético Independiente-, estos dos últimos ubicados en la ciudad de Avellaneda, al Sur del conurbano bonaerense. El nivel de accesibilidad, en todos los casos, es precario porque las construcciones datan de hace más de cuatro décadas y las obras de adaptación que se realizaron a posteriori fueron pensadas únicamente para cumplir con la Ley Nacional de Accesibilidad vigente-Ley N° 24.314- y no en su grado real de funcionalidad.


Los cinco estadios, arriba mencionados, cuentan con rampa de acceso, ascensores y baños adaptados, así como también con sectores específicos para que el público con movilidad reducida pueda disfrutar de los espectáculos que allí se brindan. Sin embargo, estos recintos no son íntegramente accesibles porque, lamentablemente, existen ubicaciones a las que se accede únicamente por escalera. En consecuencia, la situación de discriminación se repite una vez más: el público con movilidad reducida debe resignar su derecho a elegir y conformarse siempre con el lugar que le asignan. Debido a que, como ya dijimos, la principal dificultad radica en que los responsables de las obras en ningún momento, desde sus etapas de planificación y construcción, tuvieron en cuenta a las personas con movilidad reducida como posible público asistente a estos lugares de esparcimiento y recreación.


“Para muestra basta un botón”, dicen las abuelas y una prueba de ello es el Estadio Ciudad de La Plata que, como su nombre lo indica, se encuentra en la ciudad de La Plata. Porque, pese a ser uno de los más modernos de Latinoamérica -se inauguró en febrero de 2011- una persona con movilidad reducida para ingresar debe recorrer varios metros por una rampa, cuya pendiente es sumamente elevada. Es decir que, al igual que en los otros casos, la construcción tampoco fue pensada para facilitar la autonomía, comodidad y seguridad de los espectadores con discapacidad motriz.


Algo muy distinto ocurrió en el último Mundial de Fútbol, Rusia 2018. Con el propósito de mejorar la experiencia de espectadores con movilidad reducida dentro de los estadios, cada sede dispuso de zonas libres de barreras arquitectónicas, con estacionamientos reservados, elevadores, rampas y lugares especialmente habilitados con sanitarios adaptados y servicio de cafetería, entre otras comodidades. Por lo tanto, resulta claro comprender que cuando una edificación es pensada y diseñada en base a las necesidades de las personas con movilidad reducida, es posible construir recintos deportivos accesibles, amigables e inclusivos.