Please enable JS

UN ICONO DE LA MOVIDA CULTURAL PORTEÑA, POCO ACCESIBLE PARA LAS PERSONAS CON MOVILIDAD REDUCIDA.

Las circunstancias se repiten una y otra vez como si tener movilidad reducida implicase una condena. Ya he hablado en otras oportunidades, en este mismo espacio, acerca de las limitaciones que tiene una persona con discapacidad motriz a la hora de asistir a bares,  boliches, restaurantes y otros lugares de diversión nocturna por la simple y sencilla razón de que solo algunos de ellos cuentan con las condiciones de accesibilidad necesarias para que cualquier persona, más allá de sus condiciones físicas, pueda acceder, circular y permanecer de manera cómoda, autónoma y segura.


El lugar al que voy a hacer referencia hoy es La Trastienda Samsung. Una sala, estilo Café-Concert –ubicada en la calle Balcarce 460, en pleno centro histórico de la ciudad de Buenos Aires-. Si bien, en lo personal, casi nunca me privé de concurrir a ningún lugar por falta de accesibilidad edilicia, con La Trastienda la situación era diferente. Fueron tantas las veces que, durante mi adolescencia y primeros años de juventud, escuché acerca de que este ícono de la movida cultural porteña era inaccesible para una persona con movilidad reducida que el temor terminó apoderándose de mí y, durante muchos años, me perdí la posibilidad de disfrutar de cientos de shows musicales a los que, sin dudas, hubiese asistido si hubiese tenido la certeza de que el espacio era accesible para una persona usuaria de silla de ruedas.


Sin embargo, el fin de semana pasado, decidí romper con ese temor que hace años se había instalado y permanecía inamovible en mi cabeza. Acompañada por Mariana, una amiga de fierro, de esas que te siguen a todos lados -sin importar cuán accesible o no sea el lugar, cuantas veredas rotas y rampas en mal estado haya que atravesar o cuantos colectivos haya que dejar pasar hasta que algún chófer tenga la buena voluntad de arrimarse al cordón de la vereda- decidí ir al reconocido Café-Concert del barrio de San Telmo porque El Bordo -banda de rock nacional, liderada por Alejandro Kurz- festejaba sus 20 años con la presentación de “Instante Eterno”, su último material discográfico.


Apenas llegamos, antes de ingresar, ya pude comprobar el primer obstáculo o barrera arquitectónica. No hay rampa de acceso y la entrada tiene un desnivel de aproximadamente cinco centímetros de alto. Esto significa que, por ejemplo, una persona usuaria de silla de ruedas motorizada o una persona que es autónoma en su desplazamiento pero no cuenta con la fuerza de brazos necesaria para superar ese escalón, no puede ingresar a la sala por sus propios medios. Pero las dificultades no se terminaban ahí. Había más barreras arquitectónicas y otras que, si uno no está atento, hasta pasan desapercibidas. Aunque, muchas veces, afectan a las personas con movilidad reducida tanto o más que las barreras arquitectónicas, urbanas y en el transporte: las barreras culturales y comunicacionales ¿A qué me refiero? El recinto donde transcurren los shows posee una antesala en la que se encuentra la boletería que, en uno de sus mostradores, posee el logo oficial de discapacidad e inmediatamente a lado un cartel con la frase: “La Casa se reserva el derecho de admisión y permanencia”. A lo mejor la ubicación de los carteles sea solo una desafortunada casualidad pero, la verdad, me cuesta bastante creerlo.


Por el contrario, lamentablemente, siento que a los dueños de los lugares de esparcimiento y diversión nocturna les cuesta un enorme trabajo tener en cuenta al colectivo poblacional conformado por las Personas con Discapacidad (PcD) como posible público asistente a fiestas, recitales y demás eventos artísticos. Porque estos señores empresarios no escapan al erróneo concepto que se formó y naturalizó en una amplia mayoría de nuestra sociedad: la creencia de que las PcD no formamos parte del caudal económico del país porque no salimos, no consumimos, no vivimos. Así de simple, así de triste.


Tan triste como, pese a haber adquirido -si leyeron bien dice adquirido porque, en lo personal, no entiendo mi dificultad motriz como sinónimo de gratuidad, sino que pretendo condiciones de accesibilidad que me garanticen igualdad de oportunidades y libertad de elección- un lugar preferencial, haber tenido que conformarme con una ubicación cercana al escenario ¿El motivo? Siempre el mismo. Una vez más, otra de tantas. La Trastienda Samsung, al igual que otros cientos de bares, boliches, restaurantes y otros lugares de esparcimiento en general, tampoco cuenta con un medio electrónico de elevación -ascensor o plataforma elevadora- que conecte todos los espacios, tanto verticales como horizontales. En consecuencia, como el sector preferencial se encuentra en un entrepiso, al que solo se accede por escaleras, nunca logré llegar al lugar por el que había abonado mis entradas.


Por otro lado, las reformas efectuadas en 2005, dejaron al descubierto el desinterés y la falta de sentido común de los responsables de la obra porque contemplaron la realización de un baño adaptado en la Planta Baja del recinto pero, en ningún momento, tuvieron en cuenta la necesidad de construir una rampa de acceso en la entrada ni tampoco la colocación de un ascensor o plataforma elevadora que le permita a una persona con movilidad reducida acceder a la ubicación que haya elegido y no tener que conformarse con un lugar que le asignen “de onda” por falta de accesibilidad.


Entonces, a modo de reflexión, les hago esta pregunta: si en algún momento de la vida, por la circunstancia que fuere, tuvieran movilidad reducida ¿Les gustaría quedarse encerrados en sus casas o contar con un entorno accesible que les permita desarrollar al máximo sus capacidades, en igualdad de condiciones con los demás? Para mí, la respuesta es obvia porque las condiciones de movilidad no se pueden elegir, pero las posibilidades de generar un entorno inclusivo para todos, sí. Por eso mismo, considero que ninguna barrera arquitectónica, cultural ni comunicacional puede constituir un impedimento para que una persona con movilidad reducida pueda gozar del derecho a disfrutar de un espectáculo artístico.


Acciones legales iniciadas por Acceso Ya a boliches porteños


Después de haber realizado la denuncia por falta de accesibilidad edilicia en el Teatro Flores -Avenida Rivadavia al 7800, C.A.B.A.- y en el Teatro Vorterix -Avenida Federico Lacroze al 3400, C.A.B.A.-, Acceso Ya inició las correspondientes acciones legales a fin de lograr que ambos boliches lleven a cabo las obras necesarias para garantizar el acceso, circulación y permanencia de las personas con movilidad reducida de manera autónoma, cómoda y segura. Actualmente, ambos espacios de diversión nocturna están judicializados en etapa inicial porque cambiaron de sociedad así que lo extendemos a los propietarios porque, al negarse a adaptar sus teatros, hacen caso omiso a la vulneración de los derechos de las Personas con Discapacidad (PcD).


El primero no tiene rampa de ingreso y tiene tres escalones en la entrada. Por lo tanto, una persona con movilidad reducida debe recurrir a la buena voluntad de quienes lo acompañan o del personal de seguridad para poder acceder. No obstante, tampoco cuenta con baños en Planta Baja y mucho menos con uno adaptado. Por ende, la decisión de asistir implica también la obligación, por razones lógicas, de tener que privarse de disfrutar de unas cervezas o unos tragos durante la noche. Al segundo boliche no es el escalón mínimo de la entrada lo que lo convierte en inaccesible sino la ausencia de un baño adaptado. Si bien en este caso hay sanitarios comunes en Planta Baja, el ingreso con silla de ruedas es imposible porque no da el ancho de las puertas. Entonces, la situación se repite.


Analía Barone es responsable de Comunicación Institucional de Acceso Ya.